Vivimos desconectados




Desde que nacemos empezamos a experimentar sensaciones de unión y separación con todo lo que nos rodea, ya sea con personas, situaciones o cosas.
Tener que separarnos del vientre materno, del calor y la seguridad que nos produce estar en su interior, aquellas sensaciones de ternura y amor infinito que experimenta tanto la madre como su criatura dentro de ella es algo que nos une para siempre. Sin embargo es una situación traumática para ambos el ser separados abruptamente por el tiempo y la naturaleza.
Ya este acto del nacimiento es una especie de muerte para el niño. Este experimenta otras temperaturas, otros seres lo mantienen lejos de su madre, ruido, luz, olores comienzan a atormentarlo y comienza a verse en la necesidad de llorar antes que reír para poder cubrir sus carencias más básicas.
Analizando todo esto, desde el primer acto del ser humano este se ve expuesto a incontables momentos de unión y separación que van mermando su ser, su esencia, su espíritu; porque aunque somos parte de todo lo que nos rodea, no somos consciente de ello y nos hace sentir que no pertenecemos a nada.
Esto nos genera ansiedades, angustias, vacíos, tristezas que intentamos llenar con objetos o provocando diversas situaciones en nuestra vida que en ocasiones pueden producirnos un daño aún mayor al que nos hacemos cuando tenemos estos sentimientos iniciales. Si por alguna razón no alcanzamos nuestro cometido, nos sentimos insatisfechos y entonces volvemos a empezar con este círculo vicioso donde nos volvemos más y más infelices.
Cada una de estas situaciones de separación que nos toca vivir a lo largo de nuestra existencia, es la muerte de un pedacito de nuestra alma.
Entonces, ¿por qué no empezamos por entender que nada nos pertenece, que todo tiene una misión en nuestra vida y que cumple un tiempo finito hasta que aprendamos lo que debemos aprender para continuar con nuestro crecimiento interior? Empecemos a entender que estamos unidos con el todo y que en este concepto no existe separación; que el todo es el Creador. Cuando entendamos todo esto no habrán mas vacíos, ni insatisfacciones, ni ansiedades, ni tristezas; sólo habrá espacio para agradecimientos y alegría infinita.

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