El hombre de la basura




A lo largo de mi vida, y segura estoy que de la de cada uno de nosotros, vamos acumulado trastes viejos, cosas que hemos conseguido en el camino, que alguien importante nos regaló, un objeto que consideramos preciado porque nos recuerda un momento importante de nuestra vida. Cosas que nos gustan tanto sin tomar en cuenta que, o ya no nos queda o simplemente ya no nos sirve de nada, pero que nos cuesta tanto desprendernos de ellas, soltarlas porque pareciera que se va parte de nuestro corazón con ellas.
Así mismo funciona nuestra mente con los recuerdos buenos y dolorosos. Son muy viejos, ya no nos sirven de nada; por el contrario, nos estorban y ocupan un espacio en nuestra mente y nos restan  tiempo valioso de nuestra vida impidiéndonos ver más allá, evitando ver con claridad cada situación y circunstancia de nuestra vida, sin dejarnos tomar las acciones prudentes, adecuadas, y a lo mejor transcendentales en ella.
Si nuestra mente es un basurero, nosotros somos el hombre  de la basura, que se encarga de recoger y recoger deshechos, basura que no nos sirve de nada, que nos estanca y no nos deja avanzar.
Nuestra mente es necia, pero les tengo una buena noticia: ella no se manda sola, nuestra mente no es nosotros, nosotros somos mucho más que eso. Necesitamos estar presentes en cada momento para botar la basura, desechar esos recuerdos o pensamientos que nos agobian y no nos dejan ser felices, sin permitirnos disfrutar de cada instante de nuestra vida.
Yo he decidido botar todo aquello que me estorba y me ancla al pasado y no me deja disfrutar del regalo hermoso que es el presente.
Yo he decidido no ser más el hombre de la basura.

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