Viendo otras perspectivas de mis circunstancias


Me ha tocado vivir momentos muy oscuros, caminos tenebrosos que ningún niño debería cruzar jamás.
Siempre vi esa parte de mi vida con tristeza y rabia a la vez. Siempre me pregunté, ¿por qué a mí? Yo siempre quise lo que otros niños normales tenían: un padre, una madre, un hogar feliz.
Pero me tocó aceptar luego de hacerme una mujer, que mi realidad era otra y no podría ser distinta. Es muy probable que aún quiera un padre a mi lado, sobre todo, luego de ver como es mi esposo con nuestros hijos, más, mucho más, y pienso... qué suerte tenemos de tenerlo a nuestro lado. Amoroso, preocupado, atento aunque un poco de carácter que siempre hace falta en la educación de los niños. Pero muy, muy protector y eso me hace sentir bien.
Sé que mi madre hizo y sigue haciendo lo que ha podido con cada uno de nosotros, sus hijos. Sé que no pudo ser de forma distinta a lo que ella recibió. Sin embargo, creo que ella lo hizo mejor de lo que fueron con ella.
Mi esposo siempre me dice que los padres esperamos que los hijos puedan superarnos. Y al final pienso que es verdad.
Quiero que mis hijos construyan sus vidas y tomen sus decisiones, que asuman sus consecuencias para bien o para mal. Y yo estaré allí para acompañarles de un lado o del otro. No dirigiéndolos pero si apoyándolos.
Sé que el papel que los padres tenemos con nuestros hijos es difícil, muy difícil: ser guías, no controladores; ser amorosos, no sobreprotectores; escucharlos sin juzgarlos, ser amigos sin dejar de ser padres, indicarles el camino pero no empujarles a el, y menos diciéndoles cómo caminarlo, como si fuéramos nosotros con la experiencia que ya tenemos.
A veces nos toca hacer el papel de malos pero sé que algún día ellos lo entenderán como yo lo hice después de adulta. Ellos, nuestros padres, siempre quieren lo mejor para nosotros sus hijos, y nos dan sólo lo que pueden, lo que tienen, lo que ellos recibieron. Entonces, ¿por qué señalarlos? ¿Por qué guardar rencores, cuando no podía ser de forma distinta?
Gracias a mi madre y a cómo fue conmigo, soy la mujer que soy, con estos sentimientos, con esta convicción, con principios y valores bien arraigados.
Gracias mami, fuiste el mejor papá.

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