Cómo educar a nuestros hijos



No existe un manual, no hay reglas ni formas correctas.
Por muy bien que creamos que lo hacemos siempre sale algo mal.
Si eres muy estricto tratando que sean mejores de lo que fuimos nosotros y ellos terminan huyendo o haciendo las cosas de forma muy distinta.
Si eres muy permisivo, entonces se vuelven locos y terminan comportándose como que nosotros tenemos que pedirle permiso a ellos o que ellos nos hacen el favor de hacer lo que quieren.
Ah, pero puedes intentar ser algo intermedio, y cuando los dejas hacer lo que quieren, entonces creen que tienen el derecho siempre, y si no lo dejas porque hay una razón que lo justifique, te dejan de hablar por días tratando de doblegarte.
Sí señor, esto de ser padre no es fácil, no existe un libro con el paso a paso, o al menos una escuela donde nos enseñen a serlo.
Ahora bien, siempre como padres queremos que nuestros hijos estén protegidos, resguardados y que sean mejor de lo que fuimos nosotros. Les damos todos para que no tengan que buscar nada en la calle. No sólo cosas materiales sino también un hombro dónde llorar, unos oídos para escuchar; aunque te tengas que morder la lengua para decirle desde las vísceras lo que piensas de esa mala amiga o ese chico mal intencionado; así luego tengas que ir a tu habitación a gritar y patalear diciendo las peores palabras con las que puedas desahogarte.
De todo, hacemos de todo, hasta los sacrificios mas grandes que nunca le cuentas a nadie para que ellos no se sientan mal.
Y entonces nos damos cuenta de que, aunque los preparamos para que sean buenos profesionales, estudiosos, dedicados, además de ser buenos seres humanos, para lo que nunca los preparamos es para la vida. Esta vida que además de ser maravillosa es también cruel, dura y feroz si no tienes la actitud adecuada para enfrentarla. Reconozco que eso me ha faltado a mi, me ocupé tanto en amarlos que los he sobreprotegido y no sobrevivirían si mañana no estuviéramos aquí con ellos, y no quiero que sea así. Hoy mi compromiso es con mi hijos, ayudarlos a enfrentarse a la vida con las herramientas necesarias. Y quién mejor que nosotros para hacerlo.
No sé si somos los mejores o peores padres del mundo pero haré lo mejor que puedo para ayudar a mis niños que ya no son tan pequeños.

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